Es mejor que esté hecho a que sea perfecto

Tenemos un pequeño problema, el cual evitamos admitir, que influye al trabajar en nuestros proyectos: queremos tenerlo todo perfecto.

De igual manera que yo, me imagino que siempre quieres lo mejor.

Es genial que pienses así.

El inconveniente es que caes en un mar de excusas para tomar acción, ya sea lanzar un proyecto en línea, escribir un libro, publicar un curso o empezar un canal de YouTube.

Esperando a que todo esté perfecto, tiendes a justificar tu nula acción o te pones barreras psicológicas hasta el punto de creer que estás mejorando con el simple hecho de pensar.

Y si ya has dado el primer paso, aun así caes en el círculo vicioso de realizar cambio tras cambio, con la premisa de que “puede estar mejor”. Cuando, en realidad, retrasas más y más cualquier lanzamiento.

¿Verdad que te pasa lo mismo?

Por eso cada vez que trabajo en algún proyecto, trato de recordarme la siguiente frase:

Es mejor que esté hecho a que sea perfecto

De esta manera tiendo a evitar el miedo a fracasar. Sé que vale más la pena tener algo que mostrar al público hoy mismo que esperar a dejar todo el proyecto pulido.

Si de todos modos la echo a perder, sé que al menos tuve el valor de comenzar y habré tenido algún aprendizaje que será útil para mis siguientes intentos.

Es importante distinguir lo mediocre ante lo perfecto; existe un punto intermedio donde tu proyecto posee la suficiente calidad para ser expuesto al mundo.

Por eso estoy a favor del Producto Mínimo Viable. Aunque no sea la mejor versión, al tratarse de algo tangible, las personas pueden ver, criticar o adquirir tu producto y de esta manera apreciar qué tan eficiente es tu proyecto.

Podemos justificar nuestros errores por falta de creatividad e ingenio, pero debemos evitar estancarnos en la medianía por creer que nunca podremos llegar a lo perfecto.

Esta trampa perjudica lo más importante de hacer todo esto: disfrutar el camino. Los pequeños pasos, como los errores, las vergüenzas, las enseñanzas y las mejoras son lo que te harán madurar. Mucho más que el encuentro con la perfección.

Si no disfrutas lo que haces por tender a perfeccionar las cosas, es momento de reflexionar lo que sucede y tomar vías alternas para no estar viviendo bajo tensión todo el tiempo.

En realidad la perfección es una meta totalmente inalcanzable. Siempre habrá algo que mejorar. Nunca tendrás a todos contentos. Habrá siempre cambios para tus ideas.

Mejor, ve esta búsqueda interminable como una guía. Úsala para seguir tu camino. Tal vez nunca encuentres la perfección, pero siempre estará ahí, cerca, ayudándote a dar lo mejor de ti.

Acepto que en muchas ocasiones he sido víctima del perfeccionismo.

Me tardé más de lo esperado para lanzar mi primer curso. Entre el miedo a la incertidumbre y querer tener todo bien definido, pasaron —demasiados— meses para que publicara algo.

Hay muchas cosas que podría haber hecho mejor; creado un mejor logo, iniciado con un glosario perfecto u ofrecido videos de mayor calidad.

Ya sabes: “podría, podría…”. Así nunca hubiera lanzado.

Lo mejor es que inicié.

Ahora que ya tengo un curso adonde algunas personas han podido acceder, estoy oyendo los comentarios y mejorando la calidad hasta lo más cercano a como lo había soñado.

Preferí lanzar hoy mismo en vez de esperar a que un día mi proyecto estuviera “perfecto”. Tú y yo sabemos que ese día nunca llegará.

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