Que tu meta no sea ser emprendedor

Si has estado usando el Internet desde hace algunos años, seguramente habrás oido el término de emprendedor que está rondando por todas partes.

Estamos usando tanto esta palabra que pienso que se está volviendo una pequeña moda y principalmente, que estamos cayendo en el juego de ponernos etiquetas para vernos mejor que otros.

Una vez que eres emprendedor ya subiste de categoría, ¿o no es así?

La verdad es que el término emprendedor no dice nada; emprender dice mucho más. Lo que quiero decir es que tomar acción es mucho más difícil que poner la palabra “emprendedor” a lado del nombre en una tarjeta de presentación.

Hace unos días recibí el correo de un lector que estaba en búsqueda de su libertad y ayudar a los demás a tener lo mismo. Me pareció interesante hasta que dijo que quería hacerlo a través del networking marketing y que su meta era ser un emprendedor.

Fue en ese momento que me cayó el veinte de que estamos haciendo las cosas mal.

En esos sistemas hablan mucho de motivación, de crear relaciones, de “libertad financiera” y del “cambio” que hacen en otras personas. Cosas de mucha inspiración pero se están olvidando de un pequeñito detalle: ¿cuál es el producto o servicio que están ofreciendo?

No todo en la vida se refiere a nuestros intereses personales y estos sistemas caen mucho en ese problema. Se la pasan mucho rato celebrando los beneficios económicos y raramente los ves analizando la calidad del producto que están entregando (que curiosamente es ésto lo que les permite libertad).

Ser emprendedor es una simple etiqueta que no dice nada. De hecho todos podemos ser emprendedores, sea en el trabajo o en la vida. Cualquiera que esté tomando la iniciativa de hacer algo nuevo, si se vende hasta lo más básico o si alguien decide juntar a un grupo con ideales similares, ya puede ponerse el nombre.

Creo que la única justificación válida por la que deberíamos denominarnos “emprendedores” es cuando tenemos muchos proyectos a la vez, simplemente para poder resumir todas nuestras actividades en una sola palabra.

Así que, en vez de buscar ponernos la etiqueta, ¿qué tal si nos ponemos a pensar en cuál sería el servicio que le queremos dar a los demás? O de otra forma, ¿en qué consistirá tu granito de arena que vas a dejar en el mundo?

El servicio, tu arte, tu creación, tu proyecto o el producto es el alma de lo que será tu trabajo. Así debes pasar mucho tiempo definiendo en qué eres bueno para externar algo que pueda ofrecer valor a los demás. Cuando sepas eso, en ese preciso instante vendrá tu llamado a emprender.

Yo no quiero ponerme una etiqueta que me diga que soy mejor que otros. Simplemente quiero mostrar que estoy tomando acción. Prefiero que me vean pasar en la calle y que las personas digan: ”Mira, ahi va Sergio, el que hace geniales sitios web y está creando una comunidad de personas excepcionales”, a que sólo digan: “Mira, ahí va Sergio, es emprendedor.”

Lo que haces es mucho más importante a lo que dices que eres.

En vez de tener la meta de ser emprendedor, lo correcto sería pensar en la mejor calidad del producto o servicio que vas a dar.

Que tu meta sea lograr el mejor diseño que tu habilidad jamás haya creado.

Que tu meta sea hacer el mejor proyecto que esté dejando de qué hablar.

Que tu meta sea cambiar la actitud de 1000 personas o más.

Que tu meta sea definir la mejor versión de ti mismo.

Y para lograr estas metas, quizá debas emprender.

¿Te gustó el artículo? Si quieres aprender de mis experiencias (tanto buenas como malas), te caerán muy bien los artículos que estoy publicando cada semana:
Gracias, ya quedo registrado tu correo.
¡Oops! Intenta otra vez...
< Lee más artículos