Sé libre de vivir en donde quieras

Ya en mis primeras décadas de vida había viajado por algunas ciudades de mi país, pero nunca había ido al extranjero.

Gracias a una oportunidad con mi universidad y al apoyo de mi familia, tuve la fortuna de hacer un intercambio estudiantil para cursar arquitectura en la ciudad de Torino, Italia.

Nunca me hubiera imaginado que con sólo veintiún años, iba a comenzar mi primer gran viaje por el mundo. ¡Cumpliría un enorme sueño de vida!

El plan original era quedarme un semestre, pero hice lo posible por extender mi estadía y finalmente logré vivir en Europa un año y medio.

Esta experiencia me cambió por completo —creo que existe un Sergio antes del viaje y otro después de este—; aprendí un nuevo idioma, conocí nuevos estilos de vida; gané mucha confianza al socializar con distintas personas; aprendí a ser responsable de mis propios actos.

También descubrí lo barato que es viajar. Gracias a RyanAir y sus ridículos precios, visité casi todos los rincones de Europa —no me importó dormir en el aeropuerto o en un hostal para lograrlo—. Conocí desde Europa del Este hasta el desierto del Sahara.

Aunque suene muy cliché, tengo que admitir que los viajes te cambian. Viajar en solitario te abre la mente a nuevas posibilidades: descubres quién eres en realidad, ves a otras personas por quienes son en vez de catalogarlos por su color, religión o raza. Inclusive reconoces que no eres invencible y no puedes tener todo bajo control.

En algún punto de nuestras vidas, todos deberíamos hacer un viaje lejos de nuestra zona de confort.

Pasado mi intercambio estudiantil, sufrí la depresión postviaje . Había regresado a lo “normal”: seguir estudiando y terminar la carrera para conseguir un trabajo estable. Pero eso no era lo que quería.

Una vez graduado, intenté independizarme al comenzar un despacho de arquitectura con un colega. Después de un año, la mala planeación me llevó a abandonar el proyecto.

Luego intenté trabajar como diseñador web, algo que hacía desde los 15 años pero que nunca había considerado como una actividad profesional. Empecé a conseguir clientes. Por fin trabajaba por mi cuenta. Y mejor aún: podía llevar mi trabajo conmigo.

Mis sueños de seguir viajando y conocer nuevas culturas —algo que me había prometido estando en Italia— volvían a hacerse realidad.

Un ciudadano del mundo

 “No eches raíces en un sitio muévete, pues no eres un árbol para eso tienes dos pies, el hombre mas sabio es el que sabe que su hogar, es tan grande como puede ser” – Txus.

Cuando me di cuenta de que sólo necesitaba la laptop, gracias a mi trabajo como diseñador web, casi no podía creerlo, pero se sentía demasiado real para no hacerlo.

No tengo que levantarme temprano para tomar el coche, sufrir el tráfico y llegar —como siempre, tarde— al trabajo. Ahora puedo decidir cuándo y dónde trabajar: en la sala de mi casa, en un café, en un coworking o en una ciudad nueva.

Tengo clientes en cualquier parte del mundo y algunos no se enteran de que me encuentro viajando, ya que con las herramientas actuales, como el correo, Skype y mensajes instantáneos, seguimos en contacto sin importar mi ubicación.

Además, puedo automatizar muchas partes del negocio, contratar asistentes virtuales y usar recursos que antes eran accesibles únicamente para grandes empresas.

Ser independiente es genial, pero tener libertad de ubicación es una cosa mayor.

Por otro lado, hasta ahora comprendo cómo mi actitud minimalista ha guiado gran parte de mi existencia: mi estilo de vida, los diseños que hago y la forma en que veo el mundo.

Como prefiero usar mis recursos económicos para vivir más experiencias, en vez de hacerlo para comprar bienes, no necesito pagar la hipoteca de una casa ni adquirir un automóvil con el cual ir al trabajo.

En realidad no necesito tanto para vivir bien. En vez de gastar mi energía en cuidar adquisiciones, ahora la ocupo en lo que realmente me importa.

El lado amargo de estar en todas partes

Mucha gente piensa, al ver mis fotos en las redes sociales, que estoy en modo “vacaciones sin límite”. Sin embargo, la mayor parte del tiempo estoy trabajando. Como cualquier otra persona, sólo que a mi manera.

De hecho es un reto estar en constante viaje. Hay que acostumbrarse a la nueva ciudad, aprender un nuevo idioma y comprender los valores de cualquier cultura.

Los primeros días puede que me pierda en las calles mientras me ubico en la zona. Tardo un rato en encontrar el mejor restaurante o el mejor mercado para hacer despensa. Pago taxis caros mientras voy aprendiendo a usar los otros medios de transporte.

Si viajo por mi cuenta, experimentaré muchas veces la sensación de estar solo, no importando que conozca cualquier número de personas en el camino. Decir adiós es algo que se vuelve común.

Cuando estoy fuera de casa por mucho tiempo, extraño mi vida antes del viaje. El confort hogareño se pierde, como también lo hace la certeza de tener todo a la mano.

Lo curioso es que aprecio más el tiempo con mis seres queridos y me siento más agradecido cuando comparo el estilo de vida en el nuevo lugar con el de mi ciudad natal.

En la travesía de trabajar viajando, lo más difícil será siempre acoplarme a las nuevas horas de trabajo.

Hay días en los que no sabré dónde trabajar o sentiré que estoy perdiendo el tiempo mientras decido cuál es el lugar correcto. La falta de rutina me provoca nula productividad.

Las zonas horarias se convierten en un problema grande a enfrentar. Si no lo crees, imagina un cliente pidiendo cambios de último momento ya bien entrada la madrugada, preguntando si estoy viendo la misma pantalla que él. ¿Cómo le explico que la luz de mi recién abierta laptop me está dejando ciego, que todavía no distingo la realidad del sueño que estaba teniendo con Emma Watson? Y eso es si acaso me logra despertar su notificación o llamada.

Vivir en todas las ciudades del mundo es fenomenal, pero no tener un lugar fijo no es para todos.

Te preguntarás siempre: ¿Adónde voy ahora? ¿Cuánto tiempo debería irme? ¿Cuál es la razón de este viaje? ¿Cómo podré seguir trabajando?

Al final de todo, éstos son buenos problemas que tener.

Tú mismo escoges tu realidad

Decidir si quieres comenzar un negocio es algo bastante personal, como también lo es viajar por el mundo. Si combinas las dos cosas, el resultado puede ser un desastre o una alegría inmensa.

Aparte del sueño de explorar el mundo, necesitas tener muy claro si quieres:

  • Vivir tu sueño sin importar lo que digan los demás.
  • Disfrutar de estar en tu propia compañía.
  • Sentido de independencia y fuerza cuando luchas por tu propia cuenta.
  • Actitud rebelde y siempre crear aventuras .
  • Facilidad para hacer nuevos planes.

Cuando te decides a crear un negocio que puedes llevar por el mundo, es importante reconocer qué nivel de independencia de ubicación se acopla más a tu estilo de vida. De hecho la libertad de ubicación no significa obligadamente que tengas que estar en constante viaje.

Puedes tener una base en un lugar (tu ciudad favorita o donde estén tus familiares) que te brinde la oportunidad de emprender aventuras de vez en cuando, ya sea alrededor de tu zona o a largas distancias.

Puede que quieras estar medio año disfrutando de las montañas mientras la otra mitad te la pasas en la playa/ciudad (dependiendo de tus gustos).

O quizá seas como yo, de los que se queda el mayor tiempo posible en una ciudad, para vivirla como local, y disfrutes mucho más de cada experiencia.

Lo que he querido mostrar a lo largo de esta serie de artículos es la importancia de la libertad: de hacer lo que quieras, cuando quieras, con quien quieras y donde quieras.

Esas cuatro grandes libertades se abren ante ti al trabajar como nómada digital.

Para lograr que esto ocurra debes tener paciencia, trabajar arduamente y nunca dejar de esforzarte. Aceptar los retos y ser persistente en tu visión para hacer realidad tus metas.

Recuerda que no existe el dinero fácil y nada de lo que vale la pena es sencillo.

Si estás preparado para trabajar arduamente y establecer objetivos muy claros con el fin de alcanzar tu estilo de vida ideal, sé que podrás tener una vida llena de libertad y mucha gratitud.

Todo se basa en crear una vida donde los cimientos sean tus valores.

En mi caso se trata de crear libertad en mi negocio, tener aventura en la vida y ofrecer mis conocimientos a las personas que están en búsqueda de lo mismo. Mis ingresos los uso para lograr experiencias que enriquezcan mi vida.

Si eres como yo y todos los que estamos buscando esta independencia, vas a trabajar de forma inteligente. Crearás sistemas y serás eficiente.

Así podrás escoger adónde te quieres mover basándote en las experiencias que quieres tener. A veces lo harás por tener esporádicas experiencias y a veces será ya parte de tu rutina.

Tú sabrás si te sientes bien durmiendo en el sofá por un viaje o si prefieres quedarte en un hotel. Lo más importante serán las personas que te encuentres en el camino. Y la actitud que tengas, hará un cambio tanto en tu vida como en tu trabajo.

La vida consiste en dar lo mejor a cada momento —en vez de desperdiciarla con cosas materiales que no te llenan— y tomar las riendas para tener una vida haciendo lo que te gusta, mientras generas ingresos y dejas un impacto en los demás.

No tienes que escoger esa plantilla predeterminada que la sociedad te da.

No tienes que trabajar las típicas horas encerrado con nula productividad, ni tampoco debes permitir que te alejen de lo que realmente quieres hacer. Tenemos la posibilidad de usar nuestras finitas horas en esta vida para dar lo mejor de nosotros, para innovar constantemente, para producir grandes cosas y para disfrutar el camino.

Así que, querido nómada, si creas un negocio que te permita tener una vida fenomenal mientras estás inspirando a otros a grandes cosas, entonces estarás en el camino correcto.

El futuro del trabajo es tan diferente que tener una oficina será cosa del pasado. Mientras más herramientas digitales consigamos, más fácil y rápido será empezar un negocio con una pequeña inversión.

Viajar se ha vuelto más barato y más accesible para todos. Ahora puedes viajar a cualquier parte del mundo sin problema; la ubicación geográfica, las zonas horarias e idiomas ya no son barrera para llevar nuestros negocios adonde queramos.

Si estás dispuesto a poner la libertad ante todo y comienzas a tomar acción, sé que eventualmente podrás disfrutar este estilo de vida.

Las experiencias y facilidades que he tenido han sido tan geniales que no las cambiaría por nada. Por eso espero que tu también seas parte de nosotros. Te estaré esperando.

Con este artículo llegamos al final de la serie “Las libertades de un nómada”. Primero hablamos de decidir lo que quieres, luego de generar tus propios ingresos, después de manejar tu tiempo y cerramos con la opción de ser libres de movimiento.

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