¿Para qué quieres ser libre?

Estoy seguro de que ya lo has oído. Todos los chicos del barrio lo están diciendo.

Si has pasado un rato leyendo artículos en internet o te inspiras de otros emprendedores, la frase más repetida que escucharás se trata de “tener libertad”.

Quizá te emociona porque ahora estás trabajando en un cubículo, tal vez te encuentras en una posición donde haces las cosas muy a la fuerza o simplemente sueñas con tener experiencias fuera de tu vida cotidiana.

Sin embargo, si miras fuera de la tendencia… ¿te has puesto a pensar honestamente por qué te gustaría ser libre?

Crecí en un entorno donde tenía que hacer todo lo que ya estaba establecido; me decían que no debía quejarme mientras tuviera comida y un techo para vivir. La felicidad era algo que debía posponer si tenía o quería tener un camino seguro.

A diferencia de muchos de mis amigos de la infancia, siempre supe que había algo más.

Agradecido e impulsado por las oportunidades de elección que me dieron mis padres, nunca dejé de explorar. Y todo cambió cuando me propuse encontrar mi propia libertad. Libertad, que para mí significaba la oportunidad de determinar el curso de mis actividades diarias y principalmente, de la dirección de mi vida.

¿Cómo no rehusarme a trabajar en una empresa convencional? Al comenzar un despacho de arquitectura, y ahora, con mi servicio freelance de diseño web, hice todo lo posible para crear mi propia actividad laboral.

Me emociona saber que puedo tomar la mayoría de las decisiones por mí mismo. He rechazado varias oportunidades, como hacer una maestría u obtener más cosas materiales, con el máximo fin de no limitar mis opciones en el futuro.

Sin embargo, aprendí que no quiero ser libre por seguir una tendencia —quiero hacer algo más significativo.

Lo que quiero es aprovechar mi tiempo libre haciendo algo que importe; aprender cosas nuevas, conocer personas interesantes, dejar una huella, explorar mi creatividad, retar mis limites y estar en constante crecimiento.

Es grandioso saber que no estoy sólo en esta búsqueda de la independencia. Cada vez más personas, lectores de este blog como tú, valoramos la libertad más que el dinero, más que las cosas materiales, más incluso que la misma sensación de seguridad que un trabajo normal ofrece.

El deseo de tener libertad es lo que provoca que dejemos esa vida confortable y vayamos por algo más emocionante, aunque sea bastante incierto.

Al final siempre tienes que responder a alguien—normalmente, a tu cliente—, pero la libertad de hacerlo bajo tus propios términos; tener la opción de decidir cuándo, dónde y cómo, es lo que hace que valga la pena.

En ocasiones también me pongo a pensar, ¿existe algo como demasiada libertad?

Algunas personas confunden la libertad con la habilidad de evitar las opciones y decisiones de vida, mientras la realidad es completamente diferente.

Ser libre de hacer lo que quieras puede ser un poco abrumador. Como en un día cualquiera tienes todo el tiempo para hacer algo, con tantas opciones puede que termines haciendo nada.

Es lo mismo que manejar una bicicleta; la única forma de mantener el balance es seguir adelante, y seguir escogiendo tu camino. Si vas muy lento, caerás, y si vas demasiado rápido, puede que te descontroles o que te salgas del trayecto por no haber tenido la oportunidad de ver hacia dónde estaba.

Así que hablando de la libertad, ir rápido o lento se traduce al grado en que tienes definida la dirección de tu vida.

Claro, suena bastante genial poder salir toda la noche y despertarte a la hora que quieras. Suena genial la idea de estar todo el día tirado en la playa.

Pero, ¿sabes qué? Nadie te va demandar que termines esa tarea, nadie te presionará para que le termines el proyecto a ese cliente o para que publiques ese artículo.

Tú eres responsable de tus propios avances, de tener comida en la mesa o de gastar el dinero como realmente quieres.

Y es que todo en la vida tiene sus pros y contras. Toma tiempo y mucha madurez acostumbrarte a la libertad y principalmente, aprender a administrarla en vez de abusarla.

Por eso, me pregunto yo, ya que tienes toda la libertad de hacer lo que quieres, ¿qué viene después?

No sólo es la cuestión de ser libre, sino de tener la libertad de hacer cosas que valgan la pena. Con esas “cosas” me refiero a lo que está alineado a tus valores, tu misión y propósitos.

En mi caso, se trata de trabajar bajo mis propios términos, de escribir aquello en lo que realmente creo y nunca comprometer mis valores.

Por eso pienso que tener libertad no es cuestión de no hacer nada, como te pueden prometer muchas personas, sino que significa gozar de la opción de escoger tus propias responsabilidades.

Porque en esta vida siempre vas a escoger, y si no tienes un plan, en realidad no eres libre, simplemente no sabes lo que quieres.

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